Miguel Tapia y los 40 años de Pateando Piedras en Citylab
“El baile de los que sobran para nosotros era una canción más del disco, y terminó siendo un himno en toda Latinoamérica”
A cuatro décadas de Pateando Piedras, el baterista de Los Prisioneros se sentó en la sala creativa del Centro GAM a repasar el disco: los ensayos con el bolsón del liceo como caja, la llegada de los secuenciadores, las letras que salían de lo que pasaba en el país y las giras por Latinoamérica sin industria detrás.
- Lugar
- Citylab · Centro GAM
- Formato
- Entrevista abierta
- Video
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«Yo soñaba con tener un grupo, sentado frente al tocadiscos de mi casa y poniendo discos de los Beatles. Me imaginaba que yo tenía una banda y habían tres escenarios y en uno de ellos tocaba mi banda y era la mejor de todas.»
«Con Jorge empezamos a escribir canciones de amor porque pensamos que así íbamos a llegar más fácil a la radio. Yo golpeaba con el pie el piso de madera y tenía el bombo; sobre el bolsón del liceo percutía la caja y Jorge tocaba una guitarra española.»
«En 1982, por la guerra de las Malvinas, Jorge llegó con una letra sobre soldados jóvenes que van a la guerra mientras los generales están sentados en sillones cómodos. Cuando la vi, le dije: “Mira, por acá va”.»
«Mientras grabábamos La voz de los 80 yo escuchaba Yazoo y New Order en silencio; no le contaba a los muchachos porque sentía que me iban a decir: “¿Qué estás escuchando? Esa música con máquinas que es tan fácil”... y de fácil no tiene nada.»
«Aprender a manejar secuenciadores y entender un sampler en esa pequeña pantalla te expandía la cabeza. Fue un proceso complejo; Jorge era muy seco y rápido para eso.»
«En ese tiempo pensaba que debía ser uno de los pocos bateristas que no le tenía miedo a perder la pega por las máquinas. Me encantó descubrir las baterías programadas, los bombos, los hi-hats.»
«Muevan las industrias tiene mucho que ver con cuando mi padre queda cesante en aquella época en que quebraban las fábricas o simplemente se las robaban. De ahí viene absolutamente la idea.»
«Jorge llegó con el demo de El baile de los que sobran y para nosotros era una canción más del disco; hablar de la educación era algo natural porque veníamos saliendo del liceo. Alguna vez le escuché decir que no le puso tantas fichas, y terminó siendo un himno en toda Latinoamérica.»
«En las fotos del disco no hay nada ficticio: andábamos nosotros tres en el auto de Carlos Fonseca buscando locaciones en el día, en San Miguel, en las torres de alta tensión y en el metro.»
«Algo que también destaco de Los Prisioneros, es que cuando andábamos tocando por Latinoamérica éramos la única banda chilena que estaba tocando afuera. Los otros grupos venían con toda una industria musical como Argentina con Enanitos Verdes, Soda Stereo, Virus y Sumo... y de España estaban Hombres G... pero de Chile, éramos los únicos, completamente solos por Sudamérica, sin una industria musical detrás.»
«Nunca dejamos de sentirnos ciudadanos comunes y corrientes; nunca nos trataron como rockstars ni compramos esa parada. Nos bajábamos de tocar ante una plaza de toros repleta en Colombia o Perú, llegábamos a Santiago, tomábamos un taxi a casa y yo pensaba: “Anoche estuve de rockstar tocando en un lugar lleno y hoy día estoy aquí subiendo mi maleta, mirando el interior de los patios de los vecinos con sus sábanas y toallas colgando, porque era domingo para lavar, y después me llamaban a tomar té…” Nosotros siempre fuimos como los mismos personajes, esa ropa (en las fotos del disco) es la que usábamos todos los días.»
Aquí puedes ver la entrevista completa a Miguel Tapia.
